domingo, 7 de octubre de 2012

UN MOVIMIENTO DE PERSONAS QUE TRANSFORMAN EL MUNDO. OPEN YOUR MIND, OPEN YOUR WORLD


El Hotel AC Palacio del Carmen ha acogido ayer la 5ª jornada del movimiento emprendedor conocido como “OPEN YOUR MIND, OPEN YOUR WORLD”

     Hoy más que nunca se ha reforzado el lema del evento “Un movimiento de personas que transforman el Mundo. Open Your Mind, Open Your World”

  Una iniciativa privada que comenzó con un pequeño número de participantes y que crece a cada paso,  70 emprendedores de toda Galicia
      Una emocionante e intensa jornada que ha contribuido a mantener viva la ilusión  de los asistentes


Santiago de Compostela, 5 de Octubre de 2012. El movimiento de emprendedores “OPEN YOUR MIND, OPEN YOUR WORLD” ha celebrado ayer en el AC Palacio del Carmen un nuevo Networking con la participación de 70 profesionales pertenecientes a un gran abanico de sectores en el que motiva el emprendimiento como motor de cambio de la sociedad para servir de inspiración y apoyo a nuevos proyectos y a las personas que hay detrás de ellos.

Uno de los pilares fundamentales de este movimiento es la humanización de las relaciones empresariales, ya que según los promotores de esta iniciativa, Eloy Gesto  y Marisol Vázquez de Escuela Inventa y Grupo Affines, “Es la confianza la que genera las relaciones entre personas y por tanto entre empresas”.

Otro valor añadido de este evento ha sido la participación de la joven artista emergente Nuria Ruibal que ha realizado una de sus obras durante el evento con la cual fue premiado uno de los participantes, además de las dinámicas que se han llevado a cabo para potenciar la creatividad y la elegancia, dirigidas con maestría y pasión por parte David L. Salgueiro  y Ana Castro de Galantiqua, David G. Bragado de Vestirse por los Pies Y Fran Godoy de AGF Solucións.

Han acudido emprendedores conocidos del ámbito gallego como es el caso de: Siro González de Restaurante Calderon, Pedro Mouriño de Mediasiete, Manuel Bandín de Cebado Bandín, Alicia Orriols de Asubia 3.0, Alfredo Amigo de Geicom Ahorro energético, Raquel Fondevila de Unamesaporfavor.com, Marcos Vázquez de Qualigal, Vanessa Lorenzo de Aventi, entre otros, muchos. Además de contar con la presencia de Rosa Cardeso Gerente del Vivero de Empresas de la Cámara de Comercio de Santiago de Compostela y Pablo Guitián Director del AC Palacio del Carmen.


Este Networking ha tenido como patrocinadores a AVA Soluciones Tecnológicas y Grafinova Artes Gráficas y como colaboradores el propio AC Palacio del Carmen, la joven empresa sita en Compostela Galantiqua, Arte y Antigüedades, la plataforma Vestirse por los pies y Francisco J. Godoy de AGF Solucións Producto Galego.


UN MOVIMIENTO DE PERSONAS QUE TRANSFORMAN EL MUNDO.
OPEN YOUR MIND, OPEN YOUR WORLD

viernes, 13 de julio de 2012

Reinventándonos




     "Lo que en un momento de la vida se presenta como un revés, es quizás una puerta abierta a un cambio necesario. Lo contrario también puede suceder: un aparente golpe de suerte se convierte en una pesadilla de compleja gestión y superación.

El desarrollo espiritual que nace de lo que podríamos llamar el “efecto bofetada”, no se produce como resultado de la ingenuidad, de la pereza ni de la estupidez. Es necesario que tras la crisis, reflexionemos, meditemos, nos cuestionemos y miremos de encontrar qué mensaje nos brinda la vida y nos pongamos a trabajar con lo aprendido.

Las lecturas a corto plazo y la crispación son malas consejeras, mientras que la perspectiva y la templanza nos pueden ayudar a poner las cosas en su sitio y a propiciar renacimientos en nuestra vida, gracias al abono y a la humildad que nos ha dejado la crisis."

Álex Rovira



“Reinventarse siempre es algo provocado, por lo general no cambiamos si no se nos obliga a ello”, señala el profesor y psiquiatra Luis Rojas Marcos en una entrevista con El Confidencial.

Precisamente, la reinvención ha sido el tema principal de su participación el pasado viernes en la tercera edición del Thinking Party, organizado por Fundación Telefónica y por donde han pasado una docena de profesionales, entre ellos Mario Alonso Puig, cuyas conferencias han utilizado el cambio vital como hilo conductor. Un concepto que, recuerda Rojas Marcos, “es muy diferente de la adaptación. Si hace frío y nos protegemos buscando calor, nos adaptamos a las distintas situaciones del medio, o a los cambios físicos. La reinvención es otra cosa, y tiene lugar cuando una persona ha de enfrentarse a un cambio importante en su vida o su entorno, negativo o positivo, que suele ocurrir de forma inesperada”.

La verdadera reinvención no consiste en cambiar las actitudes, sino en modificar las conductas Un cambio que también se traduce en la creación de un nuevo yo o en el redescubrimiento de facetas de nuestra vida que creíamos olvidadas: “Las personas que se divorcian tienen que regresar al papel de soltero o soltera y eso requiere un esfuerzo. En las crisis también hay ejemplos de personas que descubren que pueden tener otra profesión y que han puesto toda su energía y su esperanza en conseguirlo. Y han tenido éxito”.


“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.

La crisis, es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.

Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

          Albert Einstein.


Evolucionando al ritmo de los tiempos

En las sociedades del pasado, sin embargo, no era tan necesario mutar continuamente. Es más, resultaba preferible mantenerte fiel a un método, unas costumbres y unas ideas que proporcionaban una cierta estabilidad. Pero los tiempos y las personas se han transformado, y ahora el cambio perpetuo es un valor insoslayable: “Cuando crecí en Sevilla, la educación era un privilegio y yo tuve la suerte de tener unos padres que me costearan los estudios. Hoy hay ayudas del Estado, y también existe la obligación de estudiar, lo que ha forzado a los jóvenes a cambiar sus costumbres, porque ahora deben permanecer varias horas al día sentados en un aula aprendiendo, lo que ha hecho que empiecen a surgir casos de niños hiperactivos y que no se concentran. Al cambiar la situación docente y social también hay nuevas características que emergen”.

Para cambiar de rutinas y de comportamiento, hacen falta tiempo y voluntad No sólo los tiempos son otros, sino que la transformación de la persona a través de las etapas vitales es condición esencial de nuestro proceso humano. Por ejemplo, cuando uno se enfrenta a la vejez. “El hecho de que vivamos más nos obliga a adaptarnos y a cambiar. A medida que nos hacemos mayores aumenta nuestra experiencia y sabiduría, pero también las limitaciones físicas e intelectuales que tenemos, lo que nos lleva a reinventarnos”, señala el autor de La autoestima (Ed. Espasa).

Las herramientas para el cambio

La verdadera reinvención, defiende Rojas Marcos, no es mera transformación de actitudes. Éstas son sencillas de modificar, lo complicado es alterar las conductas. "Reinventarse no sólo consiste en creer en cosas en las que antes no se creía, sino en tener otros comportamientos. Para cambiar de rutinas hace falta tiempo, pero también esa voluntad que solo se posee cuando somos conscientes de que debemos cambiar".

En esa tarea, un pequeño empujoncito externo siempre viene bien: “Si tienes suerte, aparecerán mentores que te guíen en el proceso". El otro factor esencial es la confianza. "Quienes cambian suelen ser personas optimistas, que esperan lograr lo que se proponen o que utilizan ‘éxitos’ del pasado para aumentar su seguridad. Son gente que piensa que si lograron enfrentarse con éxito a alguna experiencia complicada en el pasado, también lograrán sobreponerse ahora a unas malas circunstancias. Quienes se reinventan suelen ser también aquellos que localizan el control de su vida dentro de ellos mismos, los que piensan ‘yo puedo hacer algo y tengo cierto control’. Lo opuesto es la gente que dice ‘que sea lo que Dios quiera’. El que pone el control de su vida fuera de sí mismo tiene más dificultad para reinventarse o para superar las situaciones”, recuerda el que fue director del Sistema Psiquiátrico Hospitalario de Nueva York entre 1982 y 1992.


Claves para reinventarse

Reinventarse de forma proactiva tiene una doble dificultad: saber cuánto tiempo debemos invertir para nuevos escenarios de futuro difíciles de predecir, pero sobre todo dónde hacerlo.

Para adentrarnos en el noble propósito de “invertir en uno mismo”, sin duda la más importante de todas las inversiones, podemos utilizar un sencillo modelo de desempeño personal que consta de cuatro áreas de intervención:


·         Puesto de trabajo. ¿Se necesitará lo que sé hacer? A menudo será necesario que olvidemos el nombre del puesto de trabajo: no es importante cómo se llama tu puesto, lo importante es qué sabes hacer. La mayoría de puestos/profesiones son cada vez más dinámicos, muchos puestos aparecerán y desaparecerán sin más. Por ello, más bien se trata de entender cómo evolucionar como persona en un entorno profesional conservando  aquellas cosas que “quieres y sabes hacer” y consideras esenciales: “el núcleo profesional” que quieres conservar. Algo a veces más relacionado con experiencia, deseos y aspiraciones que con tareas o nombres de puestos en una empresa. No te preguntes: ¿cómo evolucionará mi puesto?, pregúntate: ¿se necesitará mi experiencia? Profesionales de referencia, redes sociales, instituciones pueden ayudar a encontrar respuesta a esta pregunta.


·         Conocimientos. ¿Sé hacerlo?  Deberemos asegurar que aprendemos rápido todo aquello que esté relacionado con la parte valiosa de nuestro “núcleo profesional”, tan rápido como nuestro entorno avanza. Si es posible, algo más rápido que los demás. Aunque la caducidad será un gran problema, no lo será la información, no al menos por su escasez, si acaso por su abundancia. Cualquier profesional tiene una enorme sobrecarga de información, la única forma de evitar la “intoxicación” será utilizar filtros adecuados. Somos y evolucionamos en función de lo que nuestra red profesional lo hace. Se trata, pues, de seleccionar bien nuestros nodos de información y tomar referentes que marquen guías y caminos y buscar estas guías o conocimiento relevantes e intentar profundizar en ellos. 

·         Competencias. ¿Puedo hacerlo? Las competencias profesionales avanzan rápidamente. Sobrevivir en el inicio del siglo XXI sabemos que requiere de nuevas competencias que antaño pudieron ser inadaptativas: autonomía, pensamiento crítico, adaptabilidad, emprendimiento… ¿Qué necesitaremos para sobrevivir a mediados de siglo? Cada profesión tendrá sus claves, pero la preparación en competencias incluso en las más blandas como las competencias sociales y emocionales será necesaria. Las competencias exigen entrenamientos  más sofisticados que quizás la lectura no te dará. Éste sin duda será el campo de batalla de los nuevos profesionales, la exigencia será probablemente competencial, que es donde nuestra capacidad de desaprendizaje y aprendizaje es más compleja: utiliza talleres, quizás coach, mentores, entrénate en tu día a día, sal de tu zona de confort.


·         Motivación. ¿Quiero hacerlo? El motor del modelo de desempeño son las emociones, los motivos, la energía que ponemos en nuestra vida profesional, no sólo para conseguir un adecuado desempeño actual, sino energía para invertir en un futuro incierto. La desorientación, la excesiva presión y ausencia de liderazgo junto con situaciones empresariales “nocivas” de nuestras organizaciones “quema” la energía de muchas personas. No sólo la energía que puede destinar a aquellas organizaciones a las que sirve, sino su energía vital. Somos seres más emocionales y espirituales de lo que a priori pudiera parecer. Y a menudo podemos quemarnos profesionalmente en una empresa y perder los motivos y la abundancia de energía que requiere nuestro reaprendizaje profesional. Para reinventarse hacen falta coraje y energía, pero sobre todo un sueño que te guíe. Cuidarse emocionalmente, no perder el gusto por lo que haces, soñar despierto, mantener el nivel de flow o exigencia adecuado es probablemente el primer factor de éxito. Ningún trabajo merece que pierdas tu energía profesional, no lo permitas.


Barreras que hay que derribar

Cuando se le sugiere al profesor que el cambio quizá no sea tan fácil, Rojas Marcos responde que “es bueno que nos fijemos en personas que han tenido éxito en ese proceso, porque ellos nos pueden dar las claves". Por ejemplo, quienes han pasado por experiencias traumáticas y han logrado rehacer su vida. Por su experiencia sabemos que, como señala el psiquiatra, "el sufrimiento en sí mismo no sirve para nada. Lo importante es que en ese proceso doloroso se descubran aspectos de la personalidad que antes permanecían ocultos, o que se averigüe que uno es más fuerte de lo que se pensaba. Si esas experiencias hacen que aprendamos cosas sobre nosotros mismos y que nuestra seguridad salga reforzada podremos decir que nos han servido para algo”.
 Cuando vivimos crisis de este tipo, cambian las leyes y las expectativas “Decir a una persona ‘mira, tienes que cambiar’, que se lo decimos todos los días a nuestros hijos y a los estudiantes, no sirve de nada si no coincide con un momento de claridad en la otra persona”, recuerda el autor de Eres tu memoria: conócete a ti mismo (Ed. Espasa).

“Las personas aprenden como consecuencia de sus errores o de alguna situación difícil a la que se han enfrentado. Una vez que alguien se decide a cambiar, sí podremos ayudarle dándole pautas. Y en ese cambio el entorno social juega un papel importante. Si favorece las segundas oportunidades, las personas se verán mucho más animadas a reinventarse".

Un reflejo social

El cambio del que habla Rojas Marcos se postula a nivel individual, pero dada la situación en que nos encontramos, ¿puede trasvasarse también a lo social? ¿No deberíamos plantearnos también la posibilidad de reconfigurar nuestro destino como cultura? “Hay ciertos aspectos en los que creo que sí. En EEUU ha habido pérdida de confianza y de respeto en los líderes sociales de todo tipo, ya sean económicos, políticos o religiosos, ya que en los últimos años han salido a la luz cantidad de abusos en todos los niveles. En este sentido creo que la tendencia principal se encamina a que la sociedad ponga una serie de preventivos o de medios para evitar que esto vuelva a ocurrir”. Así pues, parece ser que lo personal puede ayudar a lo comunitario, y viceversa: “Cuando vivimos crisis de este tipo, cambian las leyes y las expectativas. Es la oportunidad de reinventarse”.
                                              

                    El Confidencial

lunes, 25 de junio de 2012

Nunca dejamos de sorprendernos!!!



Día a día conocemos a una gran cantidad de personas de una calidad insuperable. Es increíble  lo que pueden llegar a aportarte cada una de ellas.

Esta semana queremos compartir con vosotr@s una pequeña historia que escribió una persona a la cual hemos tenido la suerte de conocer…


“Cuánto talento, cuántas ganas de superarte, cuánto espíritu de lucha, cuánta necesidad de cumplir tus sueños... Ojalá tu triunfo esté más cerca de lo que crees!!! Gracias por dejarnos compartir tu historia”


"Veintiseis de Abril de 2012,  y finalmente había llegado, sigilosa y calladamente, como un ladrón que entra a hurtadillas sin que nadie se de cuenta. La cuarentena se había colado en su vida, pero, en su favor, habría que decir que llevaba ya un año avisando de su inminente llegada.
Cuarenta años ya, una edad en la cual la mayoría de las personas deberían haber llegado a un grado suficiente de madurez tanto en el plano personal como profesional. Sin embargo, su vida continuaba siendo la misma, no había experimentado cambio alguno respecto a los 39 años anteriores.
Apagó el molesto despertador cuyo sonido cada mañana le anunciaba otro día tedioso ,otro día de nervios en el trabajo deseando que el reloj marcase las tres de la tarde para poder marcharse para casa y no pensar. Se sentó en su cama y se formuló esa pregunta que años atrás debería haberse realizado. Incluso cuando había finalizado el bachillerato y había tenido que decidir, no su futuro, y ese fue su primer gran error, sino que carrera cursar, nunca se había parado tranquilamente a pensar qué quería hacer con su vida, qué quería hacer durante el resto de su existencia.
Solamente tenía claro que todo lo que había hecho anteriormente no le había satisfecho en absoluto, no le había llenado, sentía que su vida estaba vacía. Se daba cuenta de que sus decisiones pretéritas se habían basado únicamente en los mismos criterios equivocados: buscar un trabajo que le aportase estabilidad económica en su vida, estudiando para ello una carrera de las que se decía que tenía muchas “salidas”.
¿Y cuál había sido la consecuencia de ello? Una insatisfacción total con su existencia, unos trabajos por los cuales no merecía la pena levantarse cada mañana, ninguno de ellos le había aportado nada positivo, ninguno le había enriquecido como persona ni sentía que con alguno de ellos hubiera ayudado a ser felices a sus semejantes. Y, lo más importante, en ninguno de ellos se había sentido ni feliz ni realizado, ni personal ni profesionalmente.
Y sentado sobre el confortable colchón de su confortable cama se formuló otra serie de preguntas: ¿Y ahora qué? ¿Qué decisión tomar? ¿Ser valiente abandonándolo todo y dar un giro radical a su vida o continuar siendo cobarde y dejar todo como estaba? Ante su asombro, tras dejar su mente en blanco, la respuesta acudió inmediatamente a su cabeza. Necesitaba un cambio, una nueva vida, un nuevo trabajo por el que mereciese la pena levantarse cada mañana y dejar la cama caliente en pleno invierno, con el cual ser feliz ,que le aportase alegría y plenitud tanto en el plano personal como profesional.

Sin embargo, tras ese sentimiento de alegría y optimismo inicial, rápidamente nuevas preguntas surgieron de la nada y un miedo atroz se apoderó de él. ¿Qué hacer? ¿A qué dedicarse? ¿Cómo descubrir, sin volverse a equivocar, cuál era su sueño?  ¿Cómo llevarlo a cabo? ¿Cómo hacerlo realidad? ¿Cuáles serían las preguntas adecuadas para descubrir todo ello? ¿Se conocía lo suficiente a sí mismo para tener una certeza completa de acertar en su decisión y dar en el clavo en la elección de su futuro? ¿Cuáles deberían ser los primeros pasos que tendría que dar para lograr su sueño?

Se levantó, se miró al espejo buscando respuestas, pero no encontró ninguna. Se veía reflejado pero no se reconocía, le preguntaba a la persona a la que estaba viendo cada mañana durante los últimos cuarenta años,  pero ella no le daba ninguna solución a sus inquietudes. Era como si estuviese hablando con un extraño. Finalmente se dio cuenta de que no se conocía a sí mismo. Y otra nueva pregunta le asaltó : ¿Si no me conozco a mi mismo, cómo voy a saber cuál es mi sueño? ¿Si no me conozco a mi mismo, cómo voy a conocer el camino para lograr mi sueño?

Y repentinamente se dio cuenta de la única certeza que tenía clara esa mañana: TENÍA QUE PARAR, HABÍA LLEGADO EL MOMENTO DE DEDICARSE TIEMPO A SI MISMO, PONER EL FRENO DE MANO EN EL COCHE QUE GUIABA SU VIDA, SENTARSE, DEJAR LA MENTE EN BLANCO, NO PENSAR Y REFLEXIONAR. EL RESTO DE  SU VIDA Y SU FELICIDAD DEPENDÍA DE ELLO"

viernes, 15 de junio de 2012

Cerrando Círculos.



   Hace ya unos años, una persona a la que admiramos y a la que le debemos gran parte de lo que somos, nos hizo llegar en un "momento clave" un texto de Paulo Coelho que hoy queremos compartir con vosotr@s. 

"Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes.¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentalmente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver.

Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo".

jueves, 14 de junio de 2012

La extraordinaria historia de las Secuoyas



En esta nueva publicación queremos compartir un post del blog de Marc Vidal, que habla de las Secuoyas. Aunque seguramente la mayoría de vosotr@s sabéis de que árboles hablamos, seguro que no conocéis su historia.

Que la disfrutéis tanto como hemos hecho nosotras!!

" Hoy replico uno de los capítulos de mi último libro. En concreto el que trata del valor de emprender en red, de la capacidad humana de pensar colectivamente y de estimular con ello los modelos de creación de proyectos emprendedores. Este episodio motiva normalmente, cuando lo aporto en las reuniones de trabajo, una dinamización sistemática e inmediata de la voluntad de colaborar, de crecer en grupo.

Existen muchos modelos de emprendeduría. La que me interesa a mí es la que encaja con los tiempos que me ha tocado vivir, tiempos de tecnología, de redes, de fuegos artificiales y de conversaciones.

Precisamente en ese nuevo modelo digital de proyectar empresa está el de actualizar una nueva economía basada en la colaboración y en la experiencia colectiva.

No hay nada más importante en un mundo como el actual, en el que las manadas duermen en las planicies esperando que alguien les informe por donde deben escapar, y donde lo más probable es que nadie cambie si no lo hacemos colectivamente, el valor de lo enredado, de lo cambiante y dinámico se hace tremendamente imprescindible.

Existe un árbol que ha alcanzado los 115 metros de altura. Está al norte de San Francisco y es una secuoya. La altura media de este tipo de cupresácea está cerca de los 80 metros. Son muy longevas, existe una secuoya roja de más de dos mil años que ahí está, esperando que todo cambie a su alrededor.

Lo más extraordinario de este tipo de árbol no es la longitud vertical que logra sino como el mecanismo que utiliza. ¿Qué profundidad deben tener las raíces de un árbol que alcanza esa tremenda altura? Cuando cuestiono esto a conocidos o en charlas públicas, las respuestas son de todo tipo. Cien metros, doscientos, cuarenta, diez, hay de todo. Sin embargo la sorpresa es general cuando descubro la gráfica que demuestra que la profundidad de las raíces de este tipo de planta es muy inferior a lo previsto.

Apenas tienen unos pocos metros de profundidad, hay casos incluso que muestran árboles de casi un centenar de metros de alto con unas raíces de apenas uno de profundidad. El método para soportar la presión lateral es una maravilla de la naturaleza. Las secuoyas sólo pueden crecer en grupo. Las pocas que hay de modo aislado en alguna zona europea (tras una replantación en el siglo XIX) no alcanzan apenas los treinta metros de talla.

Para alcanzar su altura media y su longevidad, las secuoyas son los únicos árboles capaces de enlazarse los unos a los otros hasta el punto que llegan a perder el sentido de quien es uno y quien es otro. Se han hecho pruebas de inyectar un líquido coloreado en la raíz de una de ellas ubicad en un punto concreto y esperar unos años. Tras ese tiempo se descubre como ese líquido puede detectarse en todo el bosque.

Aunque estén unidos hasta el punto de fundirse los unos a los otros, lo cierto es que mantienen su propia individualidad genética y biológica pero si uno de ellos precisa savia por algún motivo, el bosque entero en general, y los árboles más cercanos en concreto, le proveen.

Ese lazo extremo entre todos permite enfrentarse a la inclemencia atmosférica aunque estén a tanta altura y tan expuestos, les permite crecer hasta una altura inconcebible por la naturaleza de un modo lógico.

Estos árboles representan un modelo de gestión en equipo, global, comunitario. Si una de las secuoyas empieza a ceder, si su verticalidad se pierde por algún motivo, el bosque hace fuerza contraria durante décadas hasta que recupera el eje. Todo el conjunto de árboles ayuda a recuperar el punto de equilibrio. Es tremendamente emocionante pensar como se produce ese efecto extraordinario.

Pensemos que importante es esto. Cuando una sociedad es capaz de estructurarse hasta el punto de llegar a la excelencia de grupo es porque es madura, capaz y autosuficiente como colectivo. Pensemos también que atendiendo al ejemplo de estos maravillosos seres vivos que son las secuoyas, y observando lo que pasa cuando no están en un bosque, sólo es posible alcanzar grandes alturas si están juntas, y lo más asombroso es detectar que son todas las secuoyas al unísono las que logran tales cotas. El éxito no es para una, sino para todas. Trabajar en red proporciona el valor a todos. Este proceso de emprender es clave en una sociedad enfrentada a la competitividad mal entendida.

La comunidad es capaz de estructurarse en red, lo demuestran miles de actos y acciones digitales que se han sucedido en los últimos años. Diseñar modos que permitan convertir tanta energía en proyectos y empresas es el reto de nuestra sociedad actual.

Las secuoyas son una lección que como sociedad no debemos obviar. Convencer a nuestro entorno del valor de enredarse y hacerlo digitalmente en una amalgama desordenada de individuos vinculados en redes sociales complejas es la opción que nos queda."

http://marcvidal.net/


jueves, 29 de marzo de 2012

Sueña, sueña en Grande




  Una historia que te invita a soñar.


   "Manuel era el menor de cinco     hermanos. Su familia era muy humilde. Su padre era herrero, y su madre horneaba pastelitos para vender en la plaza de su pueblo.

   Los cinco hijos colaboraban con sus padres, pues el dinero no alcanzaba. Los mayores trabajaban en la cosecha, los del medio vendían los pastelitos en la plaza, y Manuel ayudaba, en la cocina, a su madre. Manuel también quería vender pastelillos, pero, como era el más pequeño, sus padres no se lo permitían.

   Trabajaban juntos para salir adelante. No era sencillo. El esfuerzo era grande, y la paga muy chica. La pobreza, el sacrificio y las necesidades no habían conseguido que Manuel no soñase, ése era un derecho que nada ni nadie podía negarle jamás.

   Soñaba con muchas cosas, sobre todo, con que su familia saliera adelante y pudiera vivir una vida digna. Que su madre no tuviese que pasar horas horneando pasteles y que los cinco hermanos lograran estudiar.

   Manuel tenía otro sueño más, entre los tantos que tenía. Deseaba, con toda el alma, ver nevar algún día. Algo casi imposible, cuando se vive en una zona tropical.

   Cuando se nublaba o llovía, Manuel le decía a todo el mundo que, seguramente, luego nevaría. No todos comprenden los sueños de la misma manera, para algunos, son el pasaporte a una vida mejor, para otros, pueden resultar peligrosos y portadores de futuras desilusiones.

   El padre de Manuel no renegaba de que su hijo soñase tantas y diferentes cosas, es más, le parecía sano y una manera de salir –aunque fuese por un rato– de la realidad que atravesaban. La madre, en cambio, no pensaba igual. Estaba muy preocupada pues pensaba en la desilusión de su hijo al comprobar que la vida no cumplía sus sueños.

   Una mañana, el cielo amaneció por demás oscuro. Las nubes amenazaban con una gran tormenta. Manuel se levantó feliz, mientras cocinaba con su madre, le preguntó entusiasmado:

–¿Qué harás, mamá, con el primer copo de nieve que caiga? –sus ojos brillaban al pensar en ese momento, y su rostro se iluminaba como sólo lo hacen los rostros de las personas que alimentan un gran sueño en su corazón.

–Jamás nevará, Manuel –contestó firme su madre–. Ya no sueñes más con ello, es inútil, mira el calor que hace. No nevará hoy y tampoco mañana, ¿entiendes?

   Manuel dejó escapar una lágrima. Sólo una. No era un niño que se rindiera fácilmente. Sabía que era difícil que nevase, también sabía que era difícil salir de la pobreza, estudiar, vivir sin penurias económicas, pero no era difícil soñar y no iba a renunciar a ello. La madre, apenada, tomó la cara de su hijo con ambas manos y trató de consolarlo:

–Ya no pienses más en ello, hijito. No nevará y no te entristezcas. Piensa que, si cayera nieve, no tendríamos ropa suficiente como para soportar el frío.

   Manuel no respondió nada. No quería contradecir a su madre. Las nubes se disiparon, y, una vez más, el sol acaparó el cielo. Al niño no le importó, su sueño se mantenía intacto. Al finalizar el día y cuando su padre fue a darle las buenas noches, Manuel le preguntó:             

–¿Qué harás, papá, con el primer copo de nieve que caiga?

–Te lo regalaré a ti, hijito –expresó sonriente su padre.

–Pero, si nieva, nos moriremos de frío. No tenemos suficiente ropa, ni guantes, ni gorros –agregó el niño.

–No te preocupes por eso, tú sueña, si viene la nieve, seguro traerá  abrigos suficientes para todos, ahora duerme –el papá acarició la cabeza del niño y se retiró.

  Manuel casi no pudo dormir esa noche. Su padre no se había molestado porque él quisiera ver nevar. Tal vez, era posible. Quizá sí existía la posibilidad de que ése y sus otros sueños se hicieran realidad.

   Entonces, sintió aun más ganas de luchar por aquello que deseaba alcanzar. A veces, hasta para soñar, es bueno contar con alguien que nos apoye y nos acompañe.

   A la mañana siguiente, Manuel tomó una decisión. Saldría a vender él los pastelillos y le pediría a uno se sus hermanos que lo reemplazara en la cocina. Les rogó a sus padres que le concedieran el permiso de comerciar él la mercadería, asegurándoles que, gracias a su simpatía, podría vender más.

   No eran tiempos para dudar, los padres accedieron al pedido del niño, y éste partió feliz con su canasta llena. Dicen que cuando alguien desea algo con toda su alma, ese algo se concreta. Manuel vendió todos los pastelillos y fue a buscar más. Así pasaba todos los días, vendiendo más y más. Como su madre no hacía tiempo a cocinar tantas tandas, el niño aprovechaba el resto de la jornada para ayudar, en la cosecha, a sus hermanos.
  
   Los ingresos de la familia comenzaron, de a poquito, a aumentar. Una mañana, mientras vendía en la plaza, Manuel vio un carromato enorme que circulaba por el pueblo. Era la tienda ambulante de Mohamed, un turco que vendía prácticamente de todo: prendas, adornos, manteles y muchas cosas más. Justo al pasar frente al niño, una de las ruedas del carromato se rompió. Mohamed, molesto, bajó del caballo y, agarrándose la cabeza, comenzó a quejarse. Se dirigía hacia una aldea vecina a entregar una importante cantidad de artículos, no podía perder ese negocio. Manuel, que había presenciado la escena, se acercó al hombre y, ofreciéndole un pastelito, le sugirió:

–Tenga, coma este rico pastel, mientras llamo a mi padre. Él es herrero y podrá soldar su rueda.

   Sorprendido, Mohamed aceptó el pastelito y esperó. El papá del niño no se hizo esperar. Soldó la rueda rota y ajustó las otras también. Su trabajo fue impecable y más que rápido. Su carromato andaba como nunca antes, podría recorrer más distancias y vender más. Agradecido, Mohamed prometió al herrero que le daría más trabajo, y así ocurrió. Diariamente, le llevaba diferentes objetos para soldar, lo recomendó a otros comerciantes, quienes también requirieron sus servicios. Una mañana, Mohamed, se arrimó a Manuel, que realizaba sus ventas en la plaza y le dijo:

–Has sido muy amable y generoso conmigo, quiero recompensarte, puedes elegir, de mi tienda, todos los productos que desees, son tuyos.

   Manuel quedó mudo, sus ojos no sabían qué mirar primero y, menos aún, qué elegir. De repente, divisó un sector de ropa de lana, estaba un poco escondido pues, en aquella zona, nadie compraba vestimenta tan abrigada.

–¿Puedo tomar algunos gorros y algunos guantes? –preguntó tímidamente el niño.

–Mirá justo lo que vas a elegir, criatura. Nadie quiere eso, lo tengo hace varios años. ¿Para qué quieres ropa abrigada?

–Si se lo digo, no lo entendería. ¿Puedo agarrar esa ropa, señor?  –insistió ansioso Manuel.

–Si es lo que quieres… Llévatela toda, hay suficiente para toda tu familia.

   Manuel agradeció inmensamente a Mohamed, que murmuró desconcertado:

–Niños… ¿quién los entiende?

   Manuel corrió cuanto pudo para regresar a su casa, en el camino y mientras el cielo se iba cubriendo de cómplices y grises nubarrones, pensaba en cómo todo había mejorado. El dinero alcanzaba, no sobraba, pero ahora no sufrían necesidades. Sus hermanos habían empezado a estudiar, y su madre ya no transcurría el día entero en la cocina.

   Al llegar, encontró a toda su familia reunida. Ninguno de ellos, excepto su papa, entendió bien qué hacía cargado de guantes, gorros y bufandas. Manuel se apresuró a repartir las prendas entre los suyos. Se abrigó él también, y, como si un ángel estuviese espiando su deseo, el paisaje se vistió de blanco. Increíble e inesperadamente blanco. El pequeño no podía ni quería contener su felicidad. También ese sueño, tal vez el más extraño e imposible, se había hecho realidad. Esa nevada inusual traía consigo la certeza de que no se debe dejar de soñar y que, si los ayudamos, los sueños pueden cumplirse, por raros que puedan parecer. Manuel tomó el primer copo de nieve y se lo obsequió a su padre, quien, orgulloso, le dijo:

–Es todo tuyo, hijo, te lo mereces, te lo has ganado en buena ley".


                  Nunca dejes de soñar, sueña en grande, sin importar las opiniones de los demás, sin importar como la realidad juega contra ti, sólo sueña, sueña en grande y si realmente lo quieres y crees en ti lo suficiente,  lo lograrás.


Nos gustaría finalizar este post con el siguiente fragmento: 


     "Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve a por ello y punto"                          
                                                                                         "En Busca de la Felicidad"                                    

lunes, 26 de marzo de 2012

"Open your mind, Open our world"





Este nuevo post queremos dedicarlo a todas aquellas personas "lo suficientemente locas que creen que pueden cambiar el mundo", y muy especialmente a las que quieren formar parte de "Open your mind":

Alicia Orriols: Gracias  por tu esfuerzo y tu implicación. Eres la imagen de "Open your mind".

Amador: Gracias por tu eterna confianza y tu amistad incondicional.

Amaia: Gracias por hacer de esto algo Grande.

Ana Castro: Gracias por tu espontaneidad "Ganadora"

Ángeles Agulló: Gracias por contagiarnos con tu sonrisa.

Ángel Cao: Gracias por haber venido ;)

Antonio: Gracias por mostrarnos la parte humana de tu empresa.

Carlos Gallardo: Gracias por romper el hielo con simpatía y originalidad.

Cesar: Gracias por apoyar esta iniciativa.

Christian: Gracias por ser como eres y por tus valoraciones siempre tan objetivas.

David Bragado: Gracias por tus palabras tan sinceras y llenas de emoción.

David González: Gracias por tu cercanía.

Fernando Balado: Gracias por tu fidelidad y tu gran aportación.

Fernando C: Gracias por tu mágica forma de Comunicarte, con "C" de creer y crear.

Fran Godoy: Gracias por continuar sorprendiéndonos.

Iván: Gracias por inmortalizar los mejores momentos de "Open your mind".

Mariela: Gracias por permitirnos conocer a una gran persona.

Mariluz: Gracias por tu dulzura y por estar dispuesta a todo.

Mario: Gracias por sonreir siempre, hasta en twitter !!!! ;D   (y gracias por la frase "Open our world", ahora forma parte del movimiento "Open your mind")

Nora Sibajas: Gracias por confiar y compartir tan abiertamente tu proyecto con tod@s nosotr@s.

Santiago: Gracias por mostrarnos tu "filosofía" de vida.

Sergio Delpont: Gracias por tu asombrosa rapidez en adivinarlo todo. Tu agilidad nos encanta!!

Sergio Zuluaga: Gracias por hacer fácil lo que parece difícil.

Severine Mortelier: Gracias por confiar en nosotr@s y querer formar parte de este proyecto.

Siro Calderón: Gracias por compartir con nosotr@s tu sabiduría. Eres todo un ejemplo.

Victor: Gracias por tu generosidad y ayuda para poder materializar uno de los objetivos del "Open your Mind".

Eloy, Rosi y Andrés: Gracias por ser los mejores compañeros de viaje en esta aventura.

Gracias Bodeguilla de San Lázaro porque sin vosotros no hubiera sido posible.


      "El futuro ya no es lo que era. Personas de todos los rincones del planeta se dan cuenta y se rebelan. Una sed de cambio recorre el mundo; los seres humanos queremos vidas significativas y plenas.


       Y, sin embargo, en cada protesta, echamos de menos que se escuche más una consigna que de hecho pensamos que es la única que podrá transformar las cosas: "Yo también voy a cambiar".


       Alguien dijo que en el mundo hay dos superpotencias y que la otra eres tú. Creemos intensamente en el poder de las personas para cambiar sus vidas y su realidad. Creemos que un grupo de personas comprometidas y conscientes pueden transformar la sociedad. Y la Historia nos da la razón: de hecho, siempre ha sido así....


       ... Creemos que el paradigma que empleamos para contemplar la vida está obsoleto y que nos está llevando a la destrucción. Pero también que otro mundo es posible y que éste llegará cuando cada ser humano emplee responsablemente su libertad. Ya no sirve señalar a los culpables ahí fuera. Tampoco las interminables charlas de bar elucubrando soluciones. En la vida todo cambio y toda creación suceden siempre de dentro hacia fuera. Primero tú, luego el resto. Nos queda poco tiempo y necesitamos entrar en acción de manera responsable, continuada y consciente. Es posible que no sea fácil, pero tu felicidad y la nuestra depende de ello".
                                                                          Libro El Sorprendedor 
                                                                                           (Sergio Fernández y Rubén Chacón)





jueves, 16 de febrero de 2012

La importancia de las palabras


Una historia realmente valiosa,

El joven discípulo de un filósofo sabio llegó a casa de éste y le dijo:
—Maestro, un amigo suyo estuvo hablando de usted con malevolencia.
—¡Espera! —lo interrumpió el filósofo—.
¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
—¿Las tres rejas?
—Sí. La primera es la reja de la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
—No; se lo oí comentar a unos vecinos.
—Entonces al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Esto que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
—No, en realidad no. Al contrario...
— ¡Vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
—A decir verdad, no.
—Entonces —dijo el sabio sonriendo—, si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.



Esta lectura nos deja una gran enseñanza; debemos ser conscientes de la importancia que tienen nuestras  palabras ya que muchas veces decimos cosas que no son necesarias y que no le hacen bien a nadie, simplemente repetimos comentarios sin saber si son verdad y que pueden crear conflictos y herir a otras personas sin saberlo y sin tener intención de hacerlo.


Es importante valorar y reflexionar antes de gastar energía en asuntos que no merecen la pena. Si estos asuntos los hubiéramos pasado por el filtro de “las 3 rejas·, efectivamente nos daríamos cuenta que no debemos permitir que nos afecte algo que no sabemos si realmente es cierto, que no nos beneficia lo más mínimo y que no nos aporta absolutamente nada.